
Si bien Falcioni pidió disculpas en el entrenamiento de ayer, los jugadores siguen enojados con el entrenador. Hoy el técnico brindará una conferencia y los futbolistas quieren oír un arrepentimiento público. Aún retumba la bomba que explotó en Venezuela

La mañana de ayer en Casa Amarilla fue gris, aunque no tan oscura como la relación que quedó entre Julio César Falcioni y el plantel de Boca. El clima fue cortante. Una charla que duró apenas 10 minutos, un pedido de disculpas y un silencio atroz como respuesta de un grupo de futbolistas que le perdió la confianza al entrenador.
Los códigos de convivencia se rompieron. Así, al menos, lo entienden los jugadores, que tras el escándalo en el estadio La Carolina, tras el debut de la Copa Libertadores, dejaron en claro su malestar con Falcioni y le dieron todo el apoyo a Juan Román Riquelme. Creen que “Pelusa” usó a Darío Cvitanich para mostrarle los límites al enganche. Los futbolistas no soportaron eso.
Falcioni sabe que se equivocó. Entiende (tarde) que la situación se le fue de las manos. El grupo, además, le reclama hablar por atrás y no ir de frente. La situación de unión por conveniencia, pasó a tornarse insostenible. Por eso ayer se lo vio al entrenador apagado, distante, callado, con la mirada gacha y sin esa efusividad que muestra continuamente.
Hubo un pedido de disculpas, pero no alcanzó. Hoy Falcioni volverá a hablar en conferencia de prensa y los jugadores esperan otro gesto: que el propio entrenador haga público su arrepentimiento. El entrenador sabe muy bien que, por más que su orgullo le ponga una coraza, otro golpe de frente contra los futbolistas lo dejaría muy mal parado y su continuidad sería simplemente una quimera.
La reunión en el Hotel Madero estiró una agonía de la que parece no habrá retorno, salvo un compromiso total de todas las partes, el cual parece lejano a esta altura. Las cosas quedaron demasiados sensibles y una sola chispa avivará un fuego voraz. El mismo que quemó todos los papeles de un equipo que viene de ser campeón hace dos meses y que, cuando todos esperaban un inicio de semestre de otra forma, terminó llenando de humo denso un vestuario que se tornó impredecible. ¿Habrá paz?