
El equipo de Falcioni estuvo a punto de quedar eliminado de la Copa Argentina ante un equipo humilde, que alquila un predio para entrenarse y donde su figura gana 37 veces menos que lo que cobra Juan Román Riquelme

“Si perdíamos y quedábamos afuera, era una vergüenza”, dijo Agustín Orión, una especia de héroe tras el final de un partido que pocos esperaban. Fue sorpresa, aunque pudo ser papelón para Boca y sus hinchas. El equipo de Julio Falcioni jugó como siempre, pero se complicó como pocas veces.
El humilde conjunto de Tandil, que cuenta con apenas 500 mil pesos de presupuesto, contra los 17 millones de dólares que atesoran las arcas “xeneizes”, tiene como figura a Cristian Zárate, quien cobra 15 mil pesos mensuales, 37 veces menos de lo que cobra Juan Román Riquelme.
Para peor, Santamarina perdió su estadio y su sede. Debe alquilarle el predio al Club Hípico de Tandil, además que, al no tener cancha, también juega de “prestado” en la cancha de San Martín de la misma ciudad.
Así, el equipo valuado en 36 millones de euros tuvo que transpirar más de la cuenta para clasificarse a los 16avos de final de la Copa Argentina. Tuvo un rival pequeño desde los números pero enorme desde el esfuerzo. Y en este fútbol argentino tan chato, el más débil y pobre, casi le da un golpe de nocaut al más poderoso del país.