
N. de A. Esta editorial fue publicada apenas finalizado el encuentro con Bolivia pero no cambia su esencia. Hasta ese día Messi había convertido para la Selección 18 goles en 66 partidos. En la vida de todo ser humano aparecen momentos, clicks, que generan un antes y un después. Si la victoria en Barranquilla para el mejor del mundo en un súper equipo como el Barcelona fue la Piedra Fundamental para serlo en Argentina, Messi podrá ser también el mejor del mundo en la selección rodeado del Kun, el Pipita, Di María y jugadores del montón. El tiempo será testigo. Ojalá se le dé

Este podría ser perfectamente el aviso televisivo que se precisa para resolver el problema que "La Pulga", evidentemente, tiene cuando le toca jugar por Argentina. Desde aquí, proponemos congregar a un grupo de especialistas, que vayan de la psicología hasta el tarot, pasando por la numerología o la peluquería, para ver si conseguimos entre todos "destrabar" al rosarino, quien protagonizó uno de los peores partidos -sino el peor- de su historia con la casaca nacional.
Ni un psicólogo, psiquiatra, sociólogo, antropólogo, arqueólogo, pai, tarotista, numerólogo y coiffeur juntos pueden explicar el karma que Messi tiene con la Selección.
Si la cancha no se llena más, si el grito de guerra es "Clemente", si Brasil dejó de ser un país limítrofe para estar cada vez más lejos en estas Eliminatorias, es porque el mejor futbolista del mundo juega en el mejor equipo de todos los tiempos y se llama Barcelona. Pero en la Selección, nada.
Basta de excusas al cohete (dan ganas de poner otra palabra): es simple, Messi tuvo tres jugadas regaladas en las que no dependía de Xavi ni Iniesta. Una fue al cuerpo del arquero y en las otras no le acertó ni al arco. Ergo, el problema es mental.
Ah, en los últimos 15 minutos, cuando más se lo necesitó, hizo un pozo y se escondió. Es el mejor del mundo en el Barcelona. En su otro equipo. En el nuestro, no. De ninguna manera. Es más: muy lejos está de serlo.
Gonzalo Mozes