
Las declaraciones que realizó Julio Comparada luego de la escandalosa renuncia de Antonio Mohamed forzada por la barra brava, son un testimonio elocuente del sendero elegido por el actual titular del "Rojo". Un club que fue ejemplo y modelo de administración y resultados deportivos, hoy da vergüenza en la cancha y fuera de ella. En diciembre hay elecciones, el presidente ya dijo lo suyo, ahora los socios tienen la palabra

Caía plácida, agradable, armoniosamente la joven primavera democrática de 1984 sobre la mitad de Avellaneda. Mientras Independiente acababa de ganar la Copa Libertadores –la séptima de su historia y la última hasta el momento-, Racing luchaba por regresar de la Primera B, hazaña que conseguiría un año después. Contra el espejo del baño, un empleado de limpieza practicaba, cual Robert De Niro, el discurso que pensaba darle al presidente, Pedro Iso. Una vez que sintió que la exposición de sus argumentos no tenía fisuras, tomó coraje, subió las escaleras, tocó la puerta de la oficina del titular (como hacía cualquiera que necesitara una entrevista) y desde adentro escuchó la respuesta que se le daba a todo el mundo por aquel entonces: “Pase”.
Las temblorosas manos del empleado blandían frenética y peligrosamente –sin querer- tres enormes escobillones. “Disculpe la molestia Don Pedro, pero necesito pedirle algo”. El todavía no tan veterano pero ya sabio dirigente, le contestó: “Baje eso que me va a sacar un ojo y dígame qué necesita m’hijo”. El empleado respiró hondo y casi de un tirón soltó la lección que había aprendido de memoria: “Le vengo a pedir dinero para comprar tres escobillones nuevos. Yo sé que su orden es cambiar las cerdas para no gastar, pero ya lo hice 3 veces y los alambres no dan más. A este ritmo, vamos a gastar más remendando viejos que si compráramos tres nuevos. Estamos haciendo un mal negocio, Don Pedro”. El empleado exhaló aliviado y algo orgulloso por la interpretación de su papel, pero seguía temblando y transpirando profusamente. Iso sonrió apenas, a imagen y semejanza del austero modo en que administraba el club y su vida, y se puso a escribir dos memos para tesorería, que le extendió al muchacho prolijamente doblados. “Tome, entréguele estos papeles sin leerlos, al Tesorero”. El primero decía: “Facilítesele al portador de este memo, el dinero necesario para la compra de tres escobillones con la características que él mismo indique”. El segundo, rezaba: “Dóblesele de inmediato el salario a este señor, cuyo compromiso con la institución nos permite ahorrar miles de pesos al año y ser campeones de América”.
Claro que ha pasado mucho tiempo y ya nadie administra de una manera tan arcaica, claro que ningún presidente debe ocuparse de semejantes nimiedades, claro que Independiente no salía campeón de América por un empleado de limpieza más o menos eficiente. Pero son aquellas instituciones que cuidan celosamente su patrimonio las que terminan generando ciclos virtuosos. Cualquiera con dos o tres jugadores iluminados pelea y hasta gana un certamen de 19 fechas o una copa subcontinental de segundo orden. Lo difícil es estar en la pelea año tras año y eso se consigue con dirigentes serios. Dirigentes que no roben, que tengan un plan de crecimiento y que honren sus deudas. Así fueron Amalfitani, el citado Iso o Leyden, por mencionar sólo a algunos de los muchos hombres de buena fe que hubo en el fútbol argentino hasta la década del ‘80. Así son los dirigentes de Vélez desde la segunda presidencia de Gámez hasta la actualidad. Así se manejaron en Lanús hasta no hace mucho. Así se hace grande a un club, administrándolo como un almacén o una sociedad de fomento. Si entran 10, se gastan seis, se reinvierten dos en infraestructura e inferiores y dos se ahorran. Si no alcanza, se vende un jugador, a lo sumo dos para que no haya déficit sin desarmar el equipo. Los sueldos, las primas y los premios: rigurosamente al día. El 15 por ciento, para el jugador, como dice la ley. Los representantes, los grupos inversores, los fideicomisos, los gerenciamientos –hasta ahora casi todos devastaron la economía de los clubes y los dejaron peor de lo que los encontraron-, “los salvadores de la patria”, lo más lejos posible.
Independiente está caminando encima de la huella del River de Aguilar y Passarella, el sendero que lo llevó a la B Nacional. Y Julio Comparada dejó claro anoche que no piensa cambiar: 1) Admitió conocer y financiar a la barra brava, al tiempo que trató de alivianar el bochorno de esos delincuentes forzando la renuncia de Mohamed diciendo que no hubo violencia. 2) Dijo que mintió con los plazos de construcción del estadio y que lo inauguró “sólo” dos veces, aunque aún esté en construcción. Además, confesó que “los costos han variado mucho”. Un eufemismo para anticipar que la obra está saliendo tres o cuatro veces lo presupuestado originalmente. 3) Enarbola un discurso económico que dejó a la inmensa mayoría de los clubes y al propio país en la más espantosa de las miserias. “La situación financiera no es la mejor, pero la crisis es manejable. Hay que crecer endeudándonos, es el momento de la historia en que más está facturando Independiente”. 4) Confesó que no le aceptaron la renuncia antes a Antonio Mohamed, sólo porque “no teníamos plan B”.
En síntesis: 1) La barra adentro del club, como brazo armado –hace años que no se puede cantar contra Comparada ni en la popular ni en la platea del “Ricardo Enrique Bochini” como debiera llamarse el estadio si este hombre tuviera una pizca de grandeza- y sostén de la gestión. 2) Decenas de millones de dólares invertidos en un estadio que cada vez se parece más a una utopía y que habría que analizar si era prioridad en el contexto histórico en el que surgió la idea. Porque ese dinero (los pases de Agüero y Ustari terminaron significando más de 40 millones de dólares) pudo haberse utilizado para sanear la cuentas, invertir en incorporaciones de calidad, en infraestructura y en las inferiores. 3) Un club herido financieramente, que le debe dinero a propios y extraños, aún convocado. Lo que significa vivir al borde de la quiebra. La idea de no acomodar los números y seguir dilapidando el porvenir, tomando deuda que algún día alguien deberá pagar y seguramente no será él sino Independiente, o lo que quede de Independiente cuando él se vaya, cancheramente con el saco en la mano y la camisa abierta. 4) No hay plan futbolístico. La elección de los técnicos y la de los refuerzos son sólo parches, manotazos de ahogado, decisiones apresuradas para escapar del incendio constante en el que vive desde que asumió.
Cualquier coincidencia con el River de los últimos años es pura coincidencia. Eso sí, Julio Comparada dijo lo que piensa hacer con todas las letras. En diciembre hay elecciones. Por este camino hay dos destinos posibles: la quiebra (Racing) o el descenso (River). O peor, una fatal combinación de ambas cosas.
Alejandro Greco