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Daniel Passarella: "En junio vamos a armar un equipo competitivo, no de estrellas. Ramón ya lo sabe"
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23-06-11

Lloren chicos lloren

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Decían los vendedores de helados en las playas marplatenses en la década del ´70 como fantástica frase marketinera. Y lloró Jota Jota en el banco de suplentes de River Plate. Como se viene editorializando, este hombre no está capacitado para dirigir a River. Se dijo que "Hundió a un Submarino" y que "le miró los dientes al Caballo Regalado". También que el pánico se apoderó de él y que luego del empate frente a Colón, debió haber sido reemplazado por alguien idóneo para intentar zafar de la Promoción o manejar al equipo en esta situación. Así lloraron los chicos como Maurito Díaz, Pereyra, Cirigliano y Funes Mori

Lloren chicos lloren

Ya repartidas las culpas entre Aguilar y Passarella, aunque en los libros de historia -si River desciende- este último aparecerá a cargo de la presidencia del club, se perdió el rumbo hace tiempo: No hay que olvidar la eterna presencia del monje negro de River, quien operó siempre desde la tinieblas, Mario Israel. Estuvo con Santilli, Di Carlo, Davicce, Pintado y Aguilar. Todo un especialista en hacer y deshacer. 

A Santilli, con la venta de Francescoli, le apareció a River una cuenta en el exterior, Davicce firmó onerosos contratos que no se pagaban ni en Italia (nada tuvo que ver el uno a uno), por lo "que tuvo que vender" y los jugadores en voz baja algo decían de su 15 por ciento, Pintado estiró el sistema y puso a su hermano como DT de la Reserva. Mientras tanto, Aguilar los secundaba

Cuando Davicce le ganó la elección a Di Carlo fue porque el oficialismo se confió y votaron muy pocos socios. De hecho, ni Davicce ni Pintado tenían plata para la publicidad y tenían gente que se colgaba de los árboles para conseguir pasacalles y repintarlos. Hoy viven una situación diferente. Nadie se hace presidente de River por amor a la camiseta hoy en día. O así parece. 

En el medio había un tal César Traversone, a quien le mandaron a esconder un cero kilómetro y se vinculó de sobremanera con las Divisiones inferiores. 

El tema es que por esa época Passarella, Gallego y Ramón ganaron todo y las inferiores fueron una mina de oro. Hasta que llegó Aguilar con su notable discurso y su vergonzoso mandato. Así quedó River. Así lo dejaron. Ya se dijo desde acá: Aguilar tiene que ir uno por uno a pedirle disculpas a todos los hinchas de River. Fue el peor presidente en la historia del club y principal responsable de los descalabros económicos y financieros por los que atraviesa junto con el mencionado Israel y Grinberg.

Pero las elecciones las ganó un caprichoso, con un ego más grande que la institución: Daniel Passarella, quien como jugador lo podía todo, pero nunca entendió que ser presidente es otra cosa. El mejor ejemplo es Camoranesi. Si cedía por un tema personal, no "querer a Sergio Fortunato", apoderado del jugador, el ex Juventus hoy sería jugador de River. Lo mismo con Gallego y Ramón Díaz. Passarella no soporta los éxitos ajenos. 

Cuando Vélez salió campeón Mundial de la mano de Bianchi, Passarella estaba de gira por Europa, al enterarse del resultado su cara cambió y el enojo y la envidia se apoderaron de él. 

Así no se puede gobernar. La democracia es otra cosa y River merece una democracia. Jota Jota sacó un 30 por ciento de los últimos 30 puntos en disputa. Con sólo cuatro más River se hubiera salvado. Todo el mundo del fútbol y hasta los hinchas vieron que Passarella en el verano se equivocó al traer a Bordagaray y no reforzar un equipo que estaba en peligro. Pero Passarella no escucha. Y River ahora espera un milagro. 

Que los culpables son muchos, es cierto. Que Aguilar le puso veneno a la torta es verdad. Que todo River comió de ella también. Pero que para Passarella era bastante fácil salir de esta situación es una realidad tan clara como que 2 más 2 es igual a 4. Ahora se tendrá que hacer cargo de este desastre. 

Si River el domingo se salva, las cosas, igualmente, desde hace un tiempo para acá, estuvieron muy mal hechas. 

Y los hinchas -los de verdad, no los que se metieron en el campo- son los únicos que hicieron las cosas bien, con el corazón abierto a su amor. Y ahora no pueden con sus almas. 

Gonzalo Mozes

 

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