
El "Globo" ya había caído por goleada y varios de sus jugadores lloraban sobre el campo de juego; unos pocos escuchaban la radio a la espera de que Boca le empatara a Gimnasia y les diera la ultima chance. El milagro se dio en forma agónica
La imagen era desgarradora: Huracán acababa de recibir una paliza futbolística y había dilapidado su oportunidad de mantenerse en Promoción por mérito propio; por eso,y porque Gimnasia vencía a Boca, varios de sus jugadores lloraban un descenso casi consumado.
En El Bosque platense se jugaban los últimos instantes y “El Lobo” sufría porque ganaba sólo por un gol, pero nada hacía presagiar el sacudón final. Sin embargo, el mazazo llegó en tiempo de descuento, cuando apareció Christian Cellay (formado en las divisiones inferiores quemeras) y puso un 2-2 que heló la sangre de los triperos y resucitó a hinchas y jugadores de Huracán; en Avellaneda la gente quemera expulsaba la angustia, con asombro y emoción.
Inolvidable será la imagen del hincha que, apesadumbrado en la tribuna, escuchaba la radio y saltó de alegría al escuchar el relato del gol xeneize. También en el recuerdo quedará la cara del arquero Gastón Monzón, que compartía audífonos y, antes de alegrarse por el gol de Boca, miró a la cara a su compañero "radial" para que le confirmara que lo que oía no era ficción. Sí, es real, Huracán todavía vive…